Del tatuaje en Santiago a un estudio propio en Manhattan
Miguel Banks tatuó a figuras de la música urbana dominicana antes de abrir su negocio en Nueva York. Así llegó hasta allí.
En pocas palabras
- Tatuó a Lápiz Conciente, Mozart La Para, Vakeró y Arcángel "La Maravilla" antes de emigrar
- Empezó a tatuar entre los 13 y 14 años, con máquinas improvisadas
- Llegó a Nueva York en el verano de 2012
- Hoy dirige Banks Tattoo, en la calle 180 y Broadway, con ocho tatuadores
Mucho antes de instalarse en Nueva York, Miguel Banks ya había dejado su arte en la piel de figuras de la música urbana dominicana. Lápiz Conciente, Mozart La Para, Vakeró y Arcángel "La Maravilla" estuvieron entre los artistas que pasaron por sus manos mientras él construía su trayectoria en Santiago.
Su interés por el tatuaje nació de forma inesperada. Según cuenta, al ver una máquina de tatuar en un episodio de la serie Oz, sintió una curiosidad que, con el tiempo, se convirtió en su profesión. Con apenas 13 o 14 años empezó a practicar junto a un amigo, usando máquinas improvisadas. Reconoce que aquellos primeros trabajos estaban lejos de los estándares profesionales que aprendió después.
Más tarde, un primo que también se dedicaba al oficio le dio equipos y materiales, lo que le permitió mejorar. Entre 2008 y 2009 empezó a trabajar desde un pequeño espacio dentro de la barbería de un amigo en Santiago, y fue ganando clientes hasta reunir lo necesario para tener su propio negocio.
En el verano de 2012 llegó a Estados Unidos después de casarse con una mujer que había conocido años antes en República Dominicana. Aunque ya tenía experiencia y clientes que conocían su trabajo, establecerse legalmente en Nueva York fue un desafío. Licencias, permisos sanitarios, documentación comercial y requisitos para alquilar un local fueron obstáculos que tuvo que superar. Mientras tanto, ofrecía sus servicios a domicilio o trabajaba temporalmente en barberías de amigos.
Las redes sociales ayudaron en esa etapa. A través de Instagram y Facebook mantuvo contacto con antiguos clientes dominicanos y se dio a conocer a nuevas personas. "No es así, tan rápido", dice al recordar las dificultades antes de abrir su establecimiento.
Una vez resueltos los trámites, llegaron otros retos: reunir el capital para acondicionar el local y conseguir una clientela que sostuviera el negocio. Banks empezó prácticamente solo y luego incorporó otros profesionales, que también debían cumplir los requisitos para ejercer.
Hoy dirige Banks Tattoo, ubicado en la calle 180 y Broadway, en el Alto Manhattan, donde trabajan ocho tatuadores. El establecimiento recibe clientes de distintas nacionalidades, y los dominicanos son una parte importante de ellos.
¿Por qué te importa?
La historia muestra que un oficio aprendido en RD puede convertirse en un negocio formal en EE.UU., aunque el proceso de licencias y permisos fue largo y costoso.